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INTRODUCCION
Junto con introducir el Método Cognitivo Emocional en la educación de nuestros compañeros, estamos abriendo una nueva fase en el adiestramiento, bastante diferente por cierto a lo que se estaba haciendo hasta ahora. Aunque no existe el ánimo de comparar, a menudo molesto, nos parece que la mejor manera de mostrar nuestro método y trabajo es establecer las necesarias diferencias que facilitan al método cognitivo — emocional ser productivo y no requerir permanente mantenimiento, ya que al tener como base que el perro piensa y es capaz de solucionar las situaciones a las que se enfrenta, lo hacemos partícipe de un proceso donde se siente integrado y donde se logran altos niveles de autosatisfacción.
A nuestro entender, la primera y gran diferencia es que finalmente se está aplicando un método de enseñanza, lo que implica un trabajo sistemático elaborado desde un profundo conocimiento de la Etología y la Psicología, donde se manifiestan fases y su evolución. En comparación a nuestro método sólo se han elaborado técnicas de adiestramiento, basadas principalmente en condicionar al perro a realizar tal o cual acción, ello no lleva, por absoluto desconocimiento, la percepción que el perro es capaz de pensar y discriminar, por lo que en la práctica el sujeto de adiestramiento se convierte en una suerte de robot que realiza la acción mandada, principalmente por temor a la coerción o la acción punitiva, que frecuentemente conlleva la falta. En definitiva el conocido condicionamiento operante, también conocido como el “tironeamiento” operante, tiene una amplia asociación con aquel sistema de enseñanza de comienzos de los siglos anteriores “la letra con sangre entra”.
Por otro lado, también es frecuente el uso del condicionamiento operante con sólo algunos de sus elementos, como son básicamente el refuerzo positivo, en lo que comúnmente se conoce como “adiestramiento en positivo”. A nuestro modo de ver, esta técnica tampoco resulta efectiva, si bien es cierto al perro no se le maltrata físicamente, lo situamos en un nivel inferior a sus capacidades, haciéndolo trabajar únicamente por las expectativas que se le generan el recibir un refuerzo externo como comida o juguete. En la naturaleza en una manada de perros o lobos existen los castigos jerárquicos que aplica la madre a sus cachorros o a quienes están bajo su escala jerárquica y no existe en ello ningún índice de maltrato, sólo la aplicación de autoridad en una relación de sana jerarquía.
Debemos dejar claro que en ambas situaciones hacemos al perro un ser egoísta, en el primer caso actúa por evitar un castigo, en el segundo, por recibir un premio. En ambos el nivel de adiestramiento que se obtiene es inferior a lo que buscamos y obtenemos con nuestro método.
Algunas de las principales diferencias las indicamos a continuación.
ADIESTRAMIENTO VS ENSEÑANZA DE ACCIONES
Muchas, quizá la mayoría, de las técnicas utilizadas para enseñar al perro determinadas acciones se quedan precisamente en eso : enseñanza de acciones. Nuestro modo de ver el adiestramiento agrega a esta acción el término Obediencia. Podemos enseñar acciones a nuestro perro pero si no agregamos la obediencia no tendremos un trabajo de adiestramiento, habremos sólo enseñado acciones pero no confiables en su ejecución.
Nuestro método de adiestramiento implica el lograr un perro que obedezca a nuestros comandos. Qué importante es, incluso en situaciones de la vida cotidiana como son los paseos, que nuestro perro responda a nuestro llamado SIEMPRE, no cuando él quiera, sino que en toda circunstancia, aún cuando tenga enormes distracciones a su alrededor. ¿Cuántas veces escuchamos “mi perro me obedece pero sólo en casa, si salimos, se distrae mucho y ni me escucha”? Frases como esta se repiten diariamente en nuestras conversaciones con nuestros clientes.
El problema es la forma de adiestrar y de comunicarnos con nuestro perro. Veamos el símil con nuestra vida laboral. Si el jefe nos pide que realicemos un informe, pero que lo hagamos sólo si nos sobra tiempo y sólo si queremos y no tengamos que irnos antes, o no tengamos interés en conversar o contarnos chistes entre nuestros compañeros de oficina, este jefe ¿es un buen jefe? ¿sacará un proyecto adelante?. Lo cierto es que tenderemos a evitar obedecerle, aunque sabemos cómo hacer el trabajo que nos pide, al no aplicar autoridad, no haremos lo que nos solicita. De igual forma lo evitaremos y andaremos permanentemente preocupados si se enojará, si explotará, si su forma de obtener lo que nos pide sea a través de amenazas y malos tratos. Ambas formas de comportarse no son propias de un buen líder.
Nuestro método, el método cognitivo-emocional, basa su trabajo en previamente establecer un vínculo sano entre perro y guía. No iniciamos ninguna enseñanza de acciones si no hay una relación jerárquica sana, para ello otorgamos una serie de ejercicios y tareas a realizar previo al inicio del programa de adiestramiento.
LOS ELEMENTOS DE TRABAJO Y LOS REFUERZOS. El trabajo sin correa.
Los elementos de trabajo en nuestro programa de adiestramiento no contemplan el collar y la correa o traílla, sino sólo como elementos de seguridad. Estos elementos sólo los utilizamos como medida de precaución en el caso de tener que resguardar la seguridad de nuestros perros en el área de trabajo, es decir, perros que se están iniciando y requerimos que no se escapen, que no alteren el trabajo de otros perros a su alrededor, etc., pero JAMAS utilizamos la correa como forma de guiar al perro hacia la acción que queremos realice. Trabajamos basándonos en la capacidad del perro de pensar y ser proactivo, el que quiera encontrar la solución (o una solución) del problema que le planteamos porque nos quiere y se autosatisface con el sólo hecho de resolverlo.
En las primeras etapas requerimos como una forma de enseñar la mecánica de la acción y probar su entendimiento, de refuerzos externos, principalmente comida. En las siguientes fases el perro necesitará sólo de nuestra aprobación o rechazo como señales de comunicación, así recibirá nuestro refuerzo social (caricias) como aprobación que lo que hizo estuvo bien o nuestro castigo jerárquico (similar al de la hembra con sus cachorros, al del líder en una manada de perros o lobos) como señal que lo que ha hecho no está bien.
De esta forma nos libramos de tener que andar provistos de refuerzos externos como pelotas, galletas, collares especiales y evitar frases como “Se me quedaron las galletitas en casa, no me va a hacer caso!” “No ando con la pelotita, no va a venir cuando lo llame” y muchas otras similares. Cuando el perro realiza una acción correcta, como todo en la vida es recompensado, sin embargo en el condicionamiento el guía siempre esconde el premio de su elección, por ello suele ser hasta gracioso ver cuando éste escondido en algún lugar recóndito del cuerpo atrae la atención del perro quién a menudo pierde el control en busca del tan anhelado premio.
EL COMANDO QUIETO
La mayoría de los comandos básicos involucrados en un paquete de enseñanza de acciones son el sentarse, echarse, caminar junto, acudir al llamado y el comando QUIETO. Naturalmente con traílla.
En nuestro método de adiestramiento, no hay cabida a este último comando, no existe. ¿Por qué no es necesario tener que enseñar un comando de quieto?. La respuesta es muy simple, pero que implica de fondo una gran diferencia en la forma de adiestrar entre nuestro método y otras técnicas.
Dado un comando, éste no debe romperse hasta que no se da otro comando o no se libera al perro. Un ejemplo concreto, se usa mucho decir “sit” y si se quiere que el perro se quede en esa posición, se utiliza un comando adicional, el nunca bien ponderado “Quieto”. La pregunta obvia es ¿Por qué tener que decirle ese comando adicional si el perro debe estar estable en el comando Sit hasta que se le dé otro comando o lo libere?. Es decir, basta con darle el comando de sentado y el perro NO DEBERA moverse hasta que se le dé otra orden, o se le indique mediante una señal de liberación, que puede romper la posición y quedar libre.
Lo que obtenemos con esto es que el perro estabiliza cada una de las acciones dadas y no está incierto de cuándo puede o no puede moverse, vemos perros más tranquilos, estables sin cambiar de una a otra posición permanentemente. El perro ha comprendido que no puede hacer otra cosa si no le damos otra orden o no le decimos que puede actuar libremente.
UNA RELACION SANA, EL VINCULO
“La base del trabajo cognitivo es el equipo, un equipo donde el jefe es el guía. El trabajo en equipo satisface al máximo nivel la conducta social del perro y le permite sentirse más y mejor integrado con su guía” (del libro “Adiestramiento Canino Cognitivo-Emocional”, autor Carlos Alfonso López García, creador del método de adiestramiento canino cognitivo-emocional).
Un buen vínculo y una sana relación se logran exclusivamente entre miembros de una misma manada. No se puede pedir que lo tengamos con nuestro perro si lo mantenemos alejado de nuestras vidas y no permitimos que comparta y conviva con nosotros. Contrario a lo que normalmente se postula de mantener un mínimo contacto con el perro y que éste se limite a los momentos de trabajo, el trabajo c-e considera la convivencia constante y permanente con el perro como una forma de establecer una sana relación jerárquica, ese vínculo que nos permitirá trabajar como miembros de un solo equipo, en que el jefe es el guía, un buen líder de la manada.
LAS SEÑALES DE COMUNICACIÓN. EL PERRO PIENSA Y SIENTE EMOCIONES
EL AFECTO COMO MOTOR DE CONDUCTA
Está demostrado científicamente que el perro siente emociones, que piensa y que tiene capacidad de pensamiento abstracto. Dado que el método cognitivo-emocional tiene estas bases, uno de los elementos importantes de él son las señales de comunicación con el perro. Si tenemos frente a nosotros un ser que piensa y siente, podemos indudablemente tener una comunicación fluída en que podamos indicarle y guiarle por el camino que queremos siga para resolver determinados problemas y realizar determinadas acciones. El perro actuará siguiendo nuestras indicaciones, en una actitud proactiva, generando diferentes opciones para solucionar lo planteado y responderá a nuestras indicaciones porque trabaja en equipo con nosotros, su guía.
LA CAPACIDAD INTERSUBJETIVA DEL PERRO CON EL HOMBRE
Uno de los avances principales en adiestramiento c-e es la relación que intersubjetiva que existe entre perro y guía. El perro es capaz de aplicar sus normas sociales al hombre integrándolo como parte de su manada, y esta capacidad permite que nuestra relación con el perro sea de compañeros, esto es, que el perro nos reconozca como un sujeto con el que se puede intercambiar información, no sólo recibirla. Esto posibilita que establezcamos lo que se denomina una relación intersubjetiva con él.
La relación intersubjetiva implica compartir contenidos de una mente con algún otro sujeto. La intersubjetividad es una compleja experiencia cognitivo-afectiva en la que la comunicación aparece como un proceso de traducción mutua, no sólo del contenido informativo del mensaje sino de su sentido para el otro, de aquellas variables que determinan el mensaje sin ser puramente informativas, como la intención que tenía el emisor al dar la información, emociones que muestra durante la transmisión de la información.
(del libro “Adiestramiento Canino Cognitivo-Emocional”, autor Carlos Alfonso López García, acerca del trabajo en este tema desarrollado por Ignacio José Alarcón Peral).
QUE HACE NUESTRO METODO SEA DIFERENTE A TODA TECNICA HASTA AHORA UTILIZADA EN EL ADIESTRAMIENTO CANINO
Guiar al perro vs el perro como generador de soluciones
Una de las principales diferencias en el trabajo concreto de adiestramiento es que en el método c-e no hacemos uso de la correa como normalmente es utilizada en muchas técnicas, para guiar al perro a realizar la acción que se le pide. Basamos nuestro trabajo en la capacidad del perro de resolver problemas y encontrar la solución (o una solución) a lo que se le plantea.
Mecanización vs entendimiento de acciones
Otra diferencia fundamental es que en el método c-e nos aseguramos que el perro sepa lo que le pedimos. No debemos castigar a quien no sabe, sino a quien sabe y no lo hace cuando se lo pedimos, comprendiendo cuales son las diferencias de castigo con las que ocupan los cultores de las técnicas. Esto es muy importante ya que se tiende a castigar al perro creyendo que está desobedeciendo, pero lo que normalmente sucede es que el perro aún no sabe la acción que se le pide. Es por ello que el método incluye una fase en que se prueba y comprueba que el perro sepa lo que se le pide, la fase de escalón.
El error como consistencia en un trabajo de adiestramiento
Se tiende mucho a evitar que el perro cometa errores. En el método c-e se deja al perro que los cometa. Está demostrado: el error es fundamental para la consistencia del aprendizaje. Todo aprendizaje que se comete sin errores no es consistente. Dejamos que el perro falle, le informamos que no está bien lo que hizo y que debe buscar otra solución. Este error, que no implica desobediencia, no afecta al trabajo. De esta forma el perro responde y se entrena en desarrollar nuevas opciones a lo planteado, desarrolla aún más el ser proactivo, a diferencia de un ser reactivo en que espera siempre nuestras indicaciones para actuar respondiendo a nuestros estímulos y no generando él nuevas situaciones.
El perro egoísta
En condicionamiento operante se trabaja en un comienzo en un programa de refuerzo constante y luego intermitente, pero siempre haciendo trabajar al perro por la expectativa de recibir un refuerzo externo (o evitar un estímulo negativo), hacemos al perro egoísta. Vemos trabajos muy lindos y espectaculares, pero la razón es la expectativa generada en el perro por su premio. Están “a la espera” de su juguete o comida, pero no son perros que necesariamente sepan lo que hacen, ni tampoco perros que trabajen en equipo con su guía, lo hacen buscando su propio interés. Aplicando el método c-e, trabajamos inicialmente con los paradigmas del condicionamiento operante, en la fase mecánica, para enseñarle al perro mecánicamente el “cómo realizar una acción”, en esta fase el perro también trabaja por recibir un estímulo positivo (o evitar uno negativo). En la siguiente fase, la de escalón, aún cuando el refuerzo está en dirección contraria a la acción que debe realizar el perro, éste también actúa por recibir ese estímulo positivo (o evitar el negativo, en caso de trabajar en negativo).
En la siguiente fase, en la etapa de integración social, es en la que dejamos los estímulos externos y, dado que ya comprobamos en la fase previa, la de escalón, que el perro sabe lo que le pedimos, le exigimos lo realice. Si no obedece, aplicamos castigo jerárquico y el perro trabajará por la satisfacción que le provoca trabajar en equipo y la autosatisfacción de resolver problemas que se le plantean.
Queda de lado toda mecanización en el perro, todos esos refuerzos y elementos ajenos a lo natural como correas y collares especiales, pelotas, comida, etc.. Algunos de ellos sólo se utilizarán en la etapa inicial del método. Si nos quedamos en esa etapa, consideraremos ese trabajo de adiestramiento incompleto y poco consistente.
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