¿Son sanos los alimentos comerciales?

Nutrición

Una parte importante de los humanos que comparten su vida con un perro o un gato, incluso con un conejo, un novillo, un caballo u otro animal no humano, recurren para su alimentación a los denominados “alimentos comerciales”, denominados también “pellet”, por la forma que adquieren luego de ser cocinados y deshidratados.

Los alimentos comerciales, especialmente los que se utilizan para perros y gatos, se hicieron muy populares en la década de los setenta, luego que por una inquietud del presidente Eisenhower, quien temía por el desbalance nutricional que veía en la alimentación que recibían sus compañeros.

A raíz de esa inquietud el Ministerio de Agricultura de los U.S.A. comenzó a desarrollar un alimento “balanceado”, es decir que entregara los componentes mínimos diarios que requería la alimentación de un cánido o un felino.

De esta manera surgió una creciente industria que hoy en día tiene una magnitud que supera al ingreso de decenas de estados – naciones del mundo. Cientos de megaproductores, especialmente en U.S.A. y Canadá abastecen parte importante de los requerimientos de hemisferio occidental, a través de miles de marcas y clasificaciones que se autoregulan a través de una organización patronal denominada Association of American Food Control Officials (AAFCO), cuya marca se encuentra en cada una de las bolsas que se expenden en el mercado.

¿En qué consiste el alimento comercial?

Quien alimenta a su compañero con alimentos de esta naturaleza, debe tener presente una serie de antecedentes que a menudo la publicidad, la tienda que se los vende, el veterinario que se los recomienda no menciona, debido a que prevalece el espíritu comercial, más allá del interés por cuidar efectivamente la salud de nuestro compañero.

Consideraciones previas

Un perro a lo largo de su vida consumirá una media de 50.000 kilos de ese producto, de manera que    al menos debiera preocuparnos, el qué es, cómo se hace, cuáles son sus efectos secundarios, si afecta a su salud, en la forma de constituirse en precursores de sindromes crónicos, como el cáncer, por ejemplo, si efectivamente “los perros que comen pellet” viven más que los que se alimentan de dietas naturales o éticas y no menos importante, considerar si la calidad de vida que lleva un perro que se alimenta de pellet es como la que se muestra en la colorida y generosamente gráfica que se muestra en la televisión.

Los perros, al igual que los animales humanos, detectan los cinco sabores conocidos: dulce, salado, agrio, ácido y umami. Esto significa que, entre otras miles de características que nos hacen semejantes, ellos detectan el sabor, aprecian los alimentos frescos y variados, como omnívoros que son y se deleitan con los alimentos de su preferencia.

Si eso es así, que lo es, es lícito preguntarse qué placer puede sentir un perro que es alimentado todos los días con el mismo producto, cocinado, deshidratado, plagado de químicos y cloruros, con un sabor producido artificialmente a objeto que sienta algo de interés por ingerir un enjambre de harinas y vísceras expuestas a altas temperaturas. ¿Qué actitud tendrían los humanos si tuvieran que alimentarse durante toda su vida con esa atrocidad? ¿cuántos humanos estarían dispuestos a hacerlo? Vale la pena recordar que los humanos y los perros percibimos los sabores de la misma forma.

Los perros, al igual que los humanos son omnívoros y no carnívoros, como se suele argumentar. De hecho los cánidos ferales, tienen una dieta abundante en frutas y vegetales, especialmente los verdes, cuyo aporte nutricional es de una importancia vital para todos los animales (incluyendo a los animales humanos). Los perros urbanos, el Canis familairis y no el Canis lupus familiaris, dado que ya hace bastante tiempo que se ha demostrado que el perro no es un descendiente del lobo gris, sino uno más del género Canis, del cual hoy en día sobreviven 35 especies, todas a excepción del perro, llevando una vida feral, aprecian la dieta variada, especialmente si esta es rica, variada y fresca.

Pero … ¿en qué consisten los alimentos comerciales?

Básicamente son productos desechados para el consumo humano, cocinados a altas temperaturas. Como todos sabemos, mientras más tiempo y temperatura sea sometido un alimento, menos aporte nutricional entrega, de manera que los fabricantes compensan esa pérdida con químicos, cuyo uso en el mediano plazo es, sin duda precursor de la destrucción del sistema digestivo y renal de los cánidos. Independiente de los sindromes crónicos que en muchos casos tienen una aparición prematura, como el cáncer.

En una parte importante de los alimentos comerciales, las grasas se obtienen de destilados de vísceras, básicamente del sistema intestinal. Estas grasas no contribuyen efectivamente a una estabilidad del perro y a mayor abundamiento son generadoras de altos niveles de colesterol y triglicéridos, que en el perro producen el mismo daño que en los humanos: problemas vasculares, diabetes y obesidad, entre los casos de mayor ocurrencia.

La gran mayoría de los alimentos comerciales tienen como primer componente las harinas de granos, siendo el maíz la principal fuente de obtención de proteínas. Esto sin duda descarta la tesis que los perros son carnívoros y levanta la tesis que los alimentos comerciales, no son más que eso: comerciales.  Muchos productores “disimulan” estos “magníficos aportes” con la introducción de importantes dosis de químicos en la dieta.

Todos los alimentos no son más que harina de alimentos usualmente desechados para la alimentación humana. Una rápida observación de los ingredientes que se encuentran en las bolsas, indica que sus principales componentes son harina de maíz, harina de arroz, además de otras harinas, como la conocida “harina de pescado”, “harina de subproductos de pollo” (esto es patas, intestinos, cabeza, pollos desechados enteros – léase enteros).

De hecho la AAFCO permite incluir partes obtenidas de cualquier animal no humano que ha muerto por enfermedad, de manera que partes no aceptadas para consumo humano como cerebros y vísceras, “bien cocinaditas” son aceptadas para la alimentación de nuestros compañeros.

La AAFCO, permite que hasta un 10% de los alimentos para perros tengan la denominación de “cenizas”, que independiente de aquellas que resultan del desecho del cocimiento, suelen incluir arena (de mar), conchas molidas, madera y otros componentes que nada aportan en lo nutricional y sí son un importante aporte a las enfermedades de riñón, sistema digestivo y vascular.

¿Vamos bien con la descripción de los alimentos comerciales? Bueno, falta la otra parte, la de los químicos que se integran para “reforzar su sistema óseo”, “generar un pelo frondoso y suave”, “darles energía ilimitadas” y todo ese material que enriquece las campañas publicitarias y empobrece la vida del perro.

Eso lo trataremos en la segunda parte.

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