Empatía, una visión desde la medicina veterinaria

Etica

Por Paula Léniz N.

Hoy en día nos vemos envueltos en una burbuja de aislamiento, la sociedad capitalista nos ha convertido en una especie dedicada al antropocentrismo, enfocada a generar más y más bienes materiales, autosatisfacciones laborales ligadas a lo monetario, nos ha enseñado que para sobrevivir debemos olvidarnos de lo que nos rodea y está permitido destruir lo que consideremos necesario para surgir.

Es como si viviésemos en un mundo paralelo, o en una realidad virtual. Nos ha hecho desconectarnos de lo esencial, lo verdadero, la esencia mamífera. Nos ha enseñado a que debemos aislarnos de nuestra parte afectiva, nos ha arrebatado las emociones y nos ha convertido en una especie mecánica, robotizada, y carente de empatía. Para lograr sobrevivir en este sistema, es necesario enterrar las emociones y olvidar que somos una especie capaz de sentir y entender el mundo a través de las emociones afectivas, y nos ha hecho olvidar que las demás especies que habitan este planeta también son capaces de lo mismo.

Como Médico Veterinario me ha tocado espantarme incontablemente de la capacidad que tiene esta sociedad para etiquetar vidas, darle valor monetario a individuos, y de desligar y olvidar lo esencial de cada organismo para justificar un ideal poco coherente con la vida misma. Desde pequeña supe que quería ser Médico Veterinario, siempre tuve afinidad con los animales no humanos y una sensibilidad poco entendida por otros (creo firmemente en el respeto hacia las demás vidas). Mi meta como Médico Veterinario iba a ser ayudar a los demás animales, curarlos del dolor, y ponerme a su disposición para sanarlos.

Pero la carrera misma me hizo poco a poco darme cuenta que pocos compartían mi visión de la profesión. Ver de cerca cómo se abusa constantemente de los demás animales, estudiar desde las bases la “producción animal”, los mataderos, escuchar a docentes enseñando el valor de una vida a través de lo monetario, ver en los ojos de vacas y yeguas el miedo, el dolor, ver en sus miradas un grito de ayuda mientras te enseñan a violarlas, escuchar a behavioristas racionalizar las emociones para excluir a los demás animales de ellas y hablar del “bienestar animal” en las líneas productivas y en los mataderos, estudiar cómo se le da valor a las vidas de los animales no humanos por rasgos físicos con los cuales se les puede “sacar” más dinero y ganar más, es francamente horroroso. Simplemente imaginar el infierno que como profesionales permitimos, avalamos y hacemos que vivan seres que son igual de afectivos y empáticos que nuestra especie, que sienten, piensan y valoran su vida igual que nosotros, es francamente espeluznante.

La empatía se puede definir como un comportamiento orientado al vínculo de un individuo con sus semejantes, en forma de expresiones emocionales afectivas donde se manifiestan rasgos de similaridad entre los sentimientos propios y los del otro individuo. Es un proceso evolutivo y un comportamiento adaptativo que todos los mamíferos poseemos, y que esta sociedad nos ha arrebatado. Creo que es un deber volver a conectarnos con nuestra afectividad, volver a ser la especie empática que somos. En una sociedad donde nadie es capaz de mirar más allá de sus propios intereses, creo que debemos replantearnos el sentido de la vida. Como especie debemos poder ponernos en el lugar de otros, humanos y no humanos, debemos poder reconocer a los demás animales como seres con derechos, que sienten y piensan, que valoran sus vidas y la de sus cercanos, puntos que la ciencia ya se ha encargado de demostrar hace ya varios años.

Debemos poder ver en los demás animales sus necesidades emocionales, debemos poder reconocer el valor intrínseco de lo que representa una vida. Como decía mi madre, “no le hagas a otros, lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Crecí con esa frase tatuada en mi inconsciente, y creo que es nuestra obligación impregnarla en la conciencia de todos nosotros.

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