Canis familiaris

Educación

Por Paula Léniz N.

En la sociedad en que vivimos hoy en día, no es difícil encontrarse con perros en nuestro diario vivir. Muchos lamentablemente en situación de calle, y otros, en compañía de sus partners humanos. A través de la evolución convergente es que se logró esta relación tan estrecha entre ambas especies, aprendiendo la una de la otra y llegando a niveles de comunicación sorprendentes. Entienden no sólo las palabras, sino que la entonación y en la forma en las que se las comunica.

Los perros son mamíferos sociales que requieren de constante interacción con su grupo social, no están “hechos” para estar solos. Son muy emocionales y afectivos, basan sus relaciones sociales y perciben el entorno en base a emociones afectivas. Establecen fuertes vínculos sociales con sus cercanos, siendo empáticos y colaborativos dentro de su grupo social. Son capaces de entender e interpretar miradas y gestos, y cuando se ha generado un vínculo social intenso, basta con el contacto ocular para entenderse y comunicar.

La sociedad se ha encargado de etiquetarlos como “el mejor amigo del ‘hombre’”, pero está en constante negación de todas las capacidades que su especie presenta. Son seres muy cognitivos, capaces de comprender su entorno y entender todo lo que en él sucede. Capaces de pensar y generar respuestas en base a sus emociones y a experiencias previas, por lo que sí, tienen memoria y recuerdan. Son capaces de tomar decisiones.

Lamentablemente nadie enseña estos puntos tan fundamentales, y las personas se quedan en los conocimientos ya tan antiguos y obsoletos de lo que es la relación interespecífica. En que son perros, por lo que deben vivir en el patio, que con darles un techo, comida y agua basta, que si mueven la cola están felices, si vocalizan es porque están contentos, o que si ladran es porque están alejando a los ladrones. Que hay que adiestrarlos, que la única forma de “enseñarles” es con refuerzos egoístas, que no son capaces de comprender más allá. Cuantos “entrenadores” existen, que “adiestran”, utilizan el condicionamiento operante, el clicker o el collar de ahorque. Negando toda capacidad cognitiva y de razonamiento. Transformando a estos individuos tan sensibles, cognitivos y sociales, en seres egoístas, denigrados, incapaces de tomar decisiones y afrontar nuevas situaciones, haciendo del miedo el motor de sus acciones.

Al generar un vínculo social y establecer una adecuada comunicación entre el perro y su grupo social, podemos ver el real potencial que existe. Utilizar el afecto y la comunicación como promotor de comportamiento, alejado de los refuerzos egoístas y basándonos en el respeto, es la manera de educar y trabajar con nuestros perros. Ahí es cuando podemos apreciar lo fina que puede llegar a ser la comunicación, en base a miradas, gestos, manipulaciones adecuadas y palabras clave. Así es como podemos llegar a potenciar esa relación tan rica entre humano y perro; y viceversa, donde de verdad podemos verlos como nuestros amigos y no como nuestros esclavos, valorándolos como los seres íntegros que son.

Hay tanto por aprender, y tanto por enseñar. Tanto ya que la neurociencia ha demostrado, y que la etología cognitiva ha puesto en práctica. Es hora de cambiar viejos esquemas, y relacionarnos con nuestros perros como corresponde. No en base a la “tenencia responsable”, porque no son objetos bajo nuestro poder. Sino que en base a la “convivencia responsable”, donde aprendemos a convivir en base al respeto y el afecto con el ser que hemos elegido para formar parte de nuestra familia.

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