IMPRINTING

Editorial

Santiago, Mayo, 2016

En etología clásica se suele ocupar el término imprinting para expresar cómo los animales humanos y no humanos desarrollamos ciertas formas de comportamiento (conductas según ellos), a partir de experiencias aprendidas en la temprana edad.

Gran parte de las actitudes que se van consolidando con el tiempo, hasta que llegamos a constituirnos en animales adultos, se generan en esa primigenia etapa de nuestras vidas y se consolidan, sin duda, con el correr del tiempo.

La madre que pasea con su hijo por la calle y ante la presencia de un perro y le ordena que no se acerque al citado perro, produce el primer imprinting, que los perros son seres peligrosos que atacan sin compasión a los niños, ergo el niño comenzará un largo camino de consolidación del miedo y a veces fobia por los perros, la que con el tiempo se traspasará a sus hijos y a los hijos de sus hijos. De esta manera generaciones de humanos tendrán la misma emoción frente a los perros.

Otros niños, cuyos padres creen que un perro puede ser un excelente compañero, promoverán que llegue a la casa. Después de un tiempo de vacilaciones y discusiones, finalmente deciden tener un perro, para que acompañe al niño. El citado perro, no obstante como primera y la mayoría de las veces en segunda instancia, irá a parar al patio con prohibición absoluta de ingresar a la casa, porque rompe las cosas, deja los muebles llenos de pelos y a veces no maneja su conducta higiénica apropiadamente.

Algunas familias “piadosas” le comprarán una casita y lo mantendrán día y noche sin más compañía que las panderetas del patio de la casa. El niño en cuestión quedará con el imprinting que los perros son cosas, que se mueven, corren, ladran y algunos son excelentes guardianes de la vida y la propiedad de los animales humanos. La cosa que está en el patio, come, de manera que le dejan un plato con pellet y otro con agua, productos que usualmente comparte con las palomas, con algunos osados pájaros y sin duda con los roedores que conviven en nuestro habitat.

Cuando el perro se “porta mal”, es decir, intenta mantener una socialización primitiva con sus partners humanos y a falta de estímulos emocionales, saltará sobre el niño en el ánimo de jugar con él. La familia decide que es momento de contratar a un “adiestrador” que enseñe al perro a no molestar a los animales humanos que conviven con él.

Para estos efectos el “adiestrador” le habrá recomendado que hay que ser muy duro con él, demostrarle quién es el “jefe de la manada” y que su disposición, es lo que en etología cognitiva se denomina indefensión aprendida. Esto implica que al citado perro se le somete al punto que llegará a la negación de las acciones, debido a que nada que haga espontáneamente tendrá resultado positivo en sus compañeros humanos, es en términos prácticos la tortura aplicada con el objeto de terminar con lo más espontáneo que tienen los perros, el afecto y la empatía.

El niño verá reforzadas esas “enseñanzas” con cierto programa de televisión, donde un conocido ignorante torturador de perros, le enseñará que esa es la forma de tratarlos, es decir maltratarlos hasta que el perro se someta a cualquier “instrucción” del humano que para acrecentar su ignorancia lo denomina como el “jefe de la manada”.

Sin duda, el niño en su etapa juvenil tendrá los imprinting que los perros son cosas peligrosas, que son traidores que te pueden atacar en cualquier momento, que no tienen emociones y que por tanto deben ser mantenidos en lugares aislados, solitarios, separados de la presencia humana, que no son requirientes de afectos, que no expresan emociones y que en definitiva su función dentro de “la manada” debe ser restringida al cuidado y protección de la propiedad de sus congéneres, los animales humanos.

Aprenderán que la única forma de “adiestrarlos” es a través del sometimiento, que la relación con ellos debe ser con palabras cortas, secas y de lo posible en voz alta. Acto seguido entenderá que al pasearlos hay que llevarlos con collar de ahorque, correa tirante y permanentemente dándole tirones, lo que es más grotesco emitiendo pequeños chillidos, acompañado de un golpe en las costillas y manteniendo una actitud de rector de inspector de colegio de curas con los estudiantes.

Aprenderá que los perros no pueden compartir sus espacios, que jamás deben entrar a la habitación, que nunca bajo circunstancia alguna se subirá al auto y a la hora de las vacaciones habrá que buscar quien le vaya a dejar el alimento, cuando se acuerde, al patio donde quedó encerrado. Sin duda que en este imprinting, las vacaciones y los perros son absolutamente incompatibles. En el hecho es el periodo donde más abandonos ocurren.

Ese definido en términos de la etología clásica es un imprinting.

Por el contrario, la etología cognitiva se ha permitido observar a los animales no humanos en general y a los perros en particular, como individuos que se han asociado a la vida de los animales humanos de una forma que Brian Hare ha denominado una evolución convergente, en la que ambas especies han evolucionado en conjunto, aprendiendo una de otra.

El gran desarrollo de la inteligencia en humanos es debido a su creciente interacción con otras especies y tautológicamente, parte importante de la inteligencia, especialmente en perros es debido a su cercanía y crecimiento asociado a los animales humanos.

Así ocurrida la evolución de una especie que no proviene del lobo, que no tiene comportamiento dentro de una manada, sino que dentro de un grupo social, donde no hay ni debiera haber “jefes de manada”, sino compañeros de vida, donde los individuos de distintas especies conviven, aprenden uno de otro a través de un complejo sistema de redes neuronales, donde se entiende que todos los animales somos seres cognitivos, empáticos, emocionales y neuroafectivos, que tenemos semejantes capacidades de aprender, socializar y desarrollarnos, el concepto y la visión de imprinting cambia brutalmente.

Así, desde esta perspectiva el imprinting que recibe el niño es que los animales en general y los perros en particular, son individuos que permanentemente están buscando la cercanía con el humano, que son afectivos, emocionales y que validan la relación con los humanos, como se ha probado científicamente, más que la que tienen con otros animales no humanos.

De esta manera, el infante humano no creará miedo o fobia frente a la presencia de un perro, sino por el contrario, afecto, cercanía, amistad y especialmente una relación de amigos. Este imprinting lo transmitirá a sus hijos y a los hijos de sus hijos y de esta forma, no existirán más perros abandonados en los patios, sino que compartirán felizmente el entorno de los humanos, no serán abandonados en las vacaciones ni en cualquier momento y lo más importante, no habrá más perros con sindromes de comportamiento como ansiedad, depresión, ansiedad por separación, agresividad o lo más grave, la pérdida del interés por vivir.

Cuando se requiera integrarlo más felizmente a su grupo social, se recurrirá a un Educador Profesional de Cánidos, quien reforzará su integración, lo ayudará en la gestión de convivir con el grupo, sin el apoyo de estúpidas herramientas como el clicker, no habrá paseos con collar de ahorque y naturalmente no habrá ningún “jefe de manada” y la indefensión estará absolutamente erradicada.

Dos formas de ver el imprinting, la opresiva – mecanicista y la cognitiva – emocional, ¿cuál prefiere usted?

 
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