Comportamiento

 

Existe sustancial evidencia experimental que demuestra que los mamíferos son criaturas afectivas y éstas son definitivas en la formación y desarrollo del comportamiento. Jaak Panksepp

 
 
 

Conducta y comportamiento

Es frecuente en el ámbito de la educación de cánidos que se utilice la forma de modificación de conducta, aduciendo al proceso en el cual los humanos esperan cambiar las representaciones sociales de un perro, que a juicio de éstos, resulta molesta o incomprensible para los parámetros de los animales humanos. Se espera de esta forma, que en un breve período se pretendan alterar patrones formados y consolidados tras un largo proceso de evolución.

Conducta y comportamiento son conceptos diferentes sobre los cuales se debe tener especial cuidado. Por una parte la conducta se refiere al modo en que un organismo se conduce en relación con los demás o como grupo social frente a otros individuos. La conducta está formada por patrones estables mediados por la evolución y resguardados por la genética. Es en consecuencia, un indicador observable y cuantificable.

El comportamiento se refiere a la interacción entre el individuo con su entorno y la forma que genera respuestas, especialmente en el ámbito de los procesos de toma de decisión. Se suele entender el comportamiento como la sumatoria de nature y nurture, es decir lo que la genética otorga y lo que el entorno provee. Los individuos responden a esta dualidad a través de la cognición que les permite procesar las variables y generar respuestas.

La conducta conceptualmente es utilizada por el behaviorismo (conductismo) y consecuentemente es parte de la etología clásica, que sugiere estudiar patrones y debido a su orientación a trabajar sobre lo observable. Bajo esta perspectiva suele “etiquetarse” a los individuos bajo ciertos síndromes, aún cuando las expresiones que manifiesten estén constituidas por representaciones generales y no sea el producto de un análisis individual.

El comportamiento es propio de la etología cognitiva debido a que se analizan las respuestas del individuo frente al entorno.

Esta diferencia es fundamental, debido a que nuestro interés es analizar al individuo en su interacción con el entorno y no patrones dados por observaciones generales. A pesar que pudiera haber una propensión hacia ciertos tipos de comportamiento, es un hecho que cada individuo manifiesta actitudes que les son particulares y no es el resultado de visiones generales.

Asumir que por exponer ciertas manifestaciones un perro es poseedor de un síndrome conductual, es un error demasiado frecuente. Los tratamientos propuestos resultan espúreos y suelen provocar más daño al perro y mas desesperanza al compañero humano. De manera que intentar modificar la conducta de un perro sería actuar contra la esencia de su naturaleza, sin embargo el comportamiento se puede analizar y proveer terapias que le permitan insertarse a los requerimientos de la sociedad o el grupo social en que convive.

En consecuencia es más acertado describir el comportamiento y su contexto, más que poner una “etiqueta” al síndrome. El abanico de causas probables de un comportamiento que no es considerado normal dentro de los patrones establecidos por los animales humanos, es a menudo muy extenso y existen, sin duda, un sinnúmero de situaciones que producen cambios en el perro. La limitante a esta acción se manifiesta en el hecho de la gran dificultad que representa el diagnóstico acertado acerca de la situación.

En el otro lado un perro no es capaz de encontrar ayuda o de describir sus problemas, ésta debería ser una tarea que le correspondiera a su compañero humano, sin embargo lo más frecuente es que éste no tiene mayor conocimiento acerca de lo que corresponde a un comportamiento dentro de la normal o a su vez tienen expectativas distantes de la realidad acerca del perro, indudables causas de decepción.

Un problema de difícil solución, especialmente debido a lo poco sistemática que suele ser la elección de su futuro compañero y a la escasamente disimulada pretensión de escogerlos por razones que no suelen estar ligadas al escenario con el que se enfrentarán.

Sindromes de comportamiento

Sin duda la historia de los cánidos ha estado unida al ascenso del humano en la historia, desde hace más de 100.000 años los animales humanos le han provisto varios nichos producto de una relación simbiótica que gradualmente fue caracterizando la relación interespecífica.

La única especie que se ha asociado a otra de la manera que hoy conocemos y participamos es el Canis familiaris. Este proceso, sin duda ha generado un número indeterminado de situaciones, producto de esta convivencia. El humano ha transmitido a sus compañeros sus formas de vida, nuestros ancestros, desde las altitudes de Etiopía, migraron por todo el planeta a través de diversos entornos, se adaptaron y colonizaron nuevos espacios, siempre acompañados de los perros. Sin duda el perro moderno es en parte un reflejo de esta incesante actividad humana.

Gran parte del comportamiento que los perros han desarrollado es producto de la relación interespecífica, mucho más que la de intraespecífica. Ellos se sienten más cómodos con los humanos que con los miembros de su especie y a pesar de este largo proceso de adaptación y convivencia, los humanos han intentado, voluntariamente o no, crear una especie que responda más a sus intereses que a los de sus compañeros. Los perros, han hecho sin duda la mayor parte del esfuerzo, mostrando una notable voluntad a ser agradables a los humanos, pero al mismo tiempo son sensibles a sus comportamientos, generando en ellos muchas veces actitudes duales que se convierten en lo que eufemísticamente se denomina, problemas de comportamiento.

Existe una variedad de razones por las que un perro, no siempre, actúa de acuerdo a los patrones humanos, comenzando por el simple hecho que, a pesar del largo aislamiento genético al cual han sido sometidos, conservan en gran parte sus características ancestrales, muchas veces expresadas a través de algunas expresiones que se encuentran a la vista pero son frecuentemente ignoradas, los comportamientos atávicos, expresados en las formas ancestrales que todos los perros urbanos orgullosamente conservan. Intentar cambiar esos comportamientos además de improbable, constituye un hecho antinatural que alteraría significativamente la convivencia que hoy en día prevalece.

Probablemente sin ellas ya no podrían pertenecer al género que los caracteriza y serían un remedo de las actitudes humanas.

Los investigadores concuerdan en el hecho que los principales problemas de comportamiento parten de ignorar el precepto que somos especies diferentes, asociadas por una relación simbiótica. De manera que, sin duda parte importante de los síndromes de comportamiento no aprobados por los humanos se deben a esta relación que deben sostener los perros y su capacidad de entender a los humanos, ya que éstos usualmente no están abiertos a entender a los perros.

Estos pueden estar expresados de diversas formas, por ejemplo la inconsistencia en la provisión de afecto. Es frecuente que los dueños se muevan en un ambiente dual de cariño – punición, o a través de refuerzos inadvertidos que estimulan comportamientos no deseados. El afecto es el principal motor que desarrolla el comportamiento de los perros, así como de la mayoría de las especies, la privación por parte de los humanos es un agente que impulsa los comportamientos no deseados, sin su presencia el perro no encuentra respuestas de su entorno y en su esfuerzo por conseguirlo, manifiesta expresiones que al humano les resultan inadecuadas.

La ansiedad es una de las respuestas más conocidas a la carencia de afecto, cuyas expresiones más frecuentes se encuentran en el hipersindrome, el stress, las estereotipias, las expresiones manifiestamente exageradas e incluso en ciertas actitudes, que para la contraparte pueden ser percibidas como agresivas, pero que normalmente se presentan como respuesta a un estado de desesperación por la ausencia de afecto.

La ansiedad por separación (APS) uno de los síndromes más característicos, especialmente de los perros en situación de calle, se explica en parte significativa por una cuestión de afecto. Es una respuesta significativa a la necesidad de afecto y unido a la sobrevivencia. No existe diferencia entre la dualidad afecto – sobrevivencia que tiene un infante humano y la que tiene cualquier otro mamífero como un perro, expresados claramente en la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth.

La respuesta a estas manifestaciones no se encuentra en los ansiolíticos, ni en determinadas flores cuyo valor no supera al del placebo. Si en humanos las alteraciones somáticas pueden ser tratadas con aromaterapia, dado el casi exclusivo efecto de sugestión con los que operan algunos síndromes humanos, en los otros mamíferos es una terapia que no presenta ningún aporte a la solución de problemas de comportamiento.

A menudo, se sugiere la castración o esterilización para variados síndromes de naturaleza agonística, sin embargo, esta solución es acotada a circunstancias extraordinariamente especiales y en la mayoría de los casos sin consecuencias positivas.

El quid de gran parte de los síndromes de comportamiento, se encuentra en mejorar la comunicación, en otorgar los espacios emocionales, en proveer una gestión emocional adecuada y especialmente en proporcionar afecto, sin caer en las expresiones antropomórficas.

Lo importante que debe conocer cada animal humano que comparte su vida con un perro con síndromes de comportamiento es que, en general, éstos usualmente no revisten de gravedad y por tanto pueden ser solucionados con un plan de terapia. A su vez los muy pocos casos que eventualmente podrían requerir apoyo farmacológico deben ser analizados cuidadosamente, a fin de evitar consecuencias no deseables y a menudo las drogas deben ser aplicadas por un período breve combinado con una terapia cognitiva programada.

Un tratamiento eficiente, la mayor de las veces retorna al perro a su entorno y le permite llevar una vida plena y feliz en su grupo social. En el pasado reciente en los USA, más de dos millones de perros han sido sacrificados anualmente, básicamente por desconocimiento de las exitosas terapias cognitivas de comportamiento. Definitivamente las causas de origen fisiológico son de baja incidencia en comparación con las provocadas por la relación antrópica.

Un apropiado diagnóstico, el trabajo de terapia cognitiva y el reconocimiento de los miembros del grupo social que los problemas se pueden solucionar, permitiría evitar que miles de perros sean sacrificados por la incapacidad de los humanos de convivir con los problemas de sus compañeros y por la complicidad de veterinarios en apoyar la eutanasia, muchas veces sin justificación ni ética ni médica.

Es más que frecuente que los perros domésticos no manifiesten síndromes conductuales, sino que manifiestan situaciones de comportamiento que no están asociadas a expresiones generales, como por ejemplo las razas. Se suele atribuir a cada raza como poseedora de cierta conducta. De manera que muy tempranamente a los humanos se les involucra en conceptos de “razas peligrosas”, “razas ideales para los niños”, “razas para el deporte” y especialmente las “razas complicadas”.

Sin duda alguna, esos apelativos son aplicaciones espúreas que surgen de la ignorancia manifiesta acerca de las capacidades de nuestros compañeros. Lo concreto es que cada individuo, no importando la raza a la cual pertenezca es poseedor de características propias que resultan de sus respuestas al entorno, mediados por nature y nurture. En esto no hay excepciones, a menudo se suele sindicar a las razas fighting como “razas peligrosas” e incluso en ciertas legislaciones se prohíbe su reproducción. Paradójicamente las razas que menos ataques presentan, especialmente en humanos, son las determinadas con tal fatal apelativo. Contrario sensu, las razas “ideales para los niños” como el Cocker Spaniel, se encuentran entre las que estadísticamente suman más ataques a sus compañeros humanos. En el hemisferio norte, durante más de diez años se limitó la crianza de esta raza, en razón de sus manifestaciones agresivas, especialmente hacia humanos.

Lo anterior nos obliga a reiterar aquello que cada individuo manifiesta, características propias en su visión del entorno y consecuentemente en su comportamiento. Si los humanos intentáramos clasificar a las etnias por sus características conductuales, seríamos sin duda acusados de racistas. Consecuentemente clasificar a los perros de acuerdo a su raza, es una manifestación abiertamente especista.

Las razas, clasificadas por la Federation Cynologique Internationale y el American Kennel Club, responden exclusivamente a fines funcionales y bajo sus parámetros no persiguen ninguna otra expresión.

Otras de las expresiones características de comportamiento alterado en perros de manifestación bastante común, son las fobias. Muchos perros llegan a su estado adulto presentando diversas fobias, entendidas como un temor incontrolable que pone al perro en otra dimensión. Las expresiones fóbicas más características de respuesta frente a un estímulo son el freezing, la salivación excesiva, el nulo control sobre sus esfínteres, el escape, rapto emocional, reacciones agresivas, especialmente cuando se intenta controlar forzadamente.

Las fobias que más expresan los compañeros humanos son a los fuegos artificiales, a los humanos machos, fobia muy característica de los perros en situación de calle, a las mangueras, a las alturas, a las escobas, a los objetos punzantes, a los ruidos excesivos y otras de extenso conocimiento.

El origen de las fobias se encuentra principalmente en las respuestas inadecuadas de los perros frente a estímulos que no entiende, usualmente de naturaleza agresiva y que consecuentemente no posee las herramientas para controlar. En la emergencia de estos síndromes la acción antrópica ocupa un rol muy importante, tanto en su generación como en la incapacidad de congeniar con terapias que solucionen estas manifestaciones.

En general, los criadores no dan muchos privilegios a los cachorros y muchos de ellos son producto de un puppy mill, “criaderos” donde transcurre su vida neonatal y de transición, para finalmente pasar parte importante de su período de socialización en un “acuario” de una tienda mayorista. Estos son efectivamente los períodos donde se fija el comportamiento, es decir donde se dan las mayores posibilidades de adquirir la casi totalidad de las disfunciones cognitivas que manifestarán en su proceso juvenil y adulto. Los criaderos por un lado y la situación de calle elicitan en mayor medida las fobias, los temores y otros síndromes de comportamiento. La vida de los caniles es usualmente agresiva y brutal para un cachorro altricial, que tardíamente comienza a tener cierto control sobre su entorno. Cada vez que “el aseo” de los caniles se realiza con una manguera a presión, sin antes haberse dado la molestia de haber retirado a los cachorros, alimenta la fobia al agua y la manguera, debido a que sin duda son herramientas que el cachorro las observa como generadoras de agresión.

Cada vez que el encargado del canil de un criadero toma en sus brazos al cachorro elicita su fobia a las alturas. Cada vez que se producen ruidos excesivos, como las máquinas eléctricas, aspiradoras y otras, se fomenta su temor incontrolado a los ruidos.

Los niños que esperan poder jugar con el cachorro a menudo fomentan la emergencia de fobias y temores.

En definitiva, existe una enorme variedad de estímulos producidos por los humanos, voluntarios o no, que elicitan las respuestas fóbicas en perros. Estos síndromes requieren de una terapia cognitiva para su total solución, en la que deben participar activamente los miembros de su grupo social. Lo importante que se debe tener presente es que si tienen solución y un cachorro o un perro adulto, con una terapia adecuada puede volver a su entorno en condiciones de no ser un “problema” a su grupo social.

Terapias

La terapia cognitiva posee una variedad de protocolos que permiten, tras una acertada evaluación, realizar un proceso que vuelva a nuestro compañero a una vida placentera y feliz.

Partiendo de la base que no “existen fórmulas mágicas” para la solución de estas situaciones y que consecuentemente se debe realizar un trabajo metodológico, racional y correlacionado estrictamente con la situación que se encuentra viviendo nuestro partner. Los perros, afectados por cualquier síndrome, literalmente lo pasa mal, no logra entender como manejar el entorno y como responder a los estímulos que recibe y se encuentra incapacitado de consolidar una respuesta.

Los humanos que se ven enfrentados a estas situaciones deben comprender que los perros son seres culturalmente asociados a nuestra vida, debido a lo cual tenemos obligaciones hacia ellos y nuestro compromiso debe basarse en relaciones de respeto, incluyendo la comunicación efectiva, la creación de lazos afectivos, desarrollar el vínculo como primera premisa, proveerles un entorno sano y otorgarles una educación adecuada.

Los animales ( humanos y no humanos) tenemos necesidades muy similares, en las que las relaciones afectivas tienen una importancia indiscutida.

Contrariamente a lo que algunos humanos estiman, los perros no son cosas, está probado científicamente que son poseedores de emociones, son seres afectivos, requieren de comprensión, cariño, respeto, son extraordinariamente cognitivos y poseen niveles de empatía que al igual que los humanos, los pone en el nivel de especies colaborativas.

Un perro, sea del origen que sea, al que no se le provee un entorno sano, elicitará inevitablemente comportamientos que a poco andar no serán cómodos para su grupo social. Si a su compañero le niega afecto, si lo deja encerrado en el patio, si no le permite desarrollar sus comportamientos atávicos, si estima que la única forma de tratarlo es a través de la punición en cualquiera de sus formas, si utiliza herramientas obscenas y orwellianas como el collar de ahorque o eléctrico, el clicker, si pretende “adiestralo” bajo los preceptos del condicionamiento operante o clásico y sus derivados, si espera que un “adiestrador” sin estudios ni práctica, un policía o parte de los miles de “adiestradores espontáneos” que surgen de la fauna urbana, los miles de autodenominados etólogos, podrán otorgarle una educación adecuada, está generando a corto andar síndromes de comportamiento que además de tornarse muy complicados, podrá terminar con una relación que en lugar de ser maravillosa y enriquecedora, terminará en una situación lamentable, muy lamentable.

Semper Fides posee el conocimiento, la experiencia, una enorme paciencia para retornar a su compañero a su vida. Además de estudios universitarios y especializados, todos los que participan del proyecto Semper Fides, son formados en nuestra organización.

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